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Eneas, de soldado a fundador

eneasPCV.— A comienzos del siglo I a.C., Publio Virgilio Marón -conocido universal y simplemente como Virgilio- recibió un encargo del emperador Augusto: escribir un poema, una epopeya lírica que glorificara el origen del Imperio Romano. El anecdotario en torno a este cometido es más conocido: en su lecho de muerte, Virgilio, el pagano, el futuro guía de Dante a través del Infierno en su Divina Comedia, quiso quemar el poema -ora para desligarse de la propagandística augusta, ora por creer que su épica aún no estaba del todo acabada y, por ende, perfecta- que sería conocido como la Eneida.

De haberlo hecho, Virgilio nos habría privado de la evolución que sufre su protagonista: Eneas, el héroe troyano, pasa de la decadencia a la gloria, de la derrota a la victoria. En otras palabras: de la destrucción de Troya a la fundación de una segunda Ilión, más poderosa y universal que su fenecida predecesora. A continuación explicaré este cambio.

En su poema, Virgilio retoma usos y estilos propios de la tradición literaria homérica -y griega, por extensión-, conformando un relato mítico del origen del imperio romano que Augusto, en los albores de la era cristiana, comienza a levantar. Eneas, héroe de la caída Troya, recibe un llamado divino para que establezca los pilares de este imperio e inmortalice el origen de un linaje adecuado para Augusto: el del vencedor.

Luego de que los troyanos caen en la trampa de los aqueos -y vean su ciudad consumirse bajo las llamas-, Eneas saca a su familia para protegerla. Como buen soldado, lo logra, pero sólo en parte. Su esposa Creúsa desaparece en el escape. Eneas, según designio divino, Eneas, repito, el soldado troyano, debe casarse con sangre real -Lavinia, hija del rey Latino, comprometida con Turno, caudillo de los rútulos- para lograr su futuro cometido.

Una vez que la diosa Juno, enemiga de Ilión, desestabiliza el viaje de Eneas y sus tropas, llegan a Cartago. Nuevamente un anticipo virgiliano: Juno es protectora de esta ciudad y sabe que en el futuro caerá en manos de los romanos de linaje troyano. Así Virgilio maneja el argumento de su poema y la glorificación del imperio.

Después de que Eneas relata su escape de Ilión, debe descender al Averno -tal como Ulises, según se relata en la Odisea, lo hace en la morada de Hades- y encuentra a su padre Anquises. Momento supremo del poema, puesto que el progenitor de Eneas anticipa un listado de héroes y reyes romanos -diferente del listado femenino de la Odisea-, futuros garantes de la consolidación de Lacio en el dominio político del mundo, estable y ordenado.

Eneas se sabe parte integral de ese linaje. Y al enfrentar a Turno -que escapa de él como si fuese Héctor escapando de Aquiles en la Ilíada- sabe que los dioses ya están de su parte. Resignación de Juno, pero solicitud para que perduren las tradiciones latinas. En los parajes montañosos de esta región, Eneas termina su periplo de soldado fracasado -derrotado por los griegos- y comienza su historia como padre fundador -según Virgilio- del Imperio Romano.

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