25 Noviembre 2009

Leyendo «La Carretera», de Cormac McCarthy (I)

PCV.- Este es el relato de la lectura de un gran relato. La novela «La Carretera», de Cormac McCarthy prontó tendrá su versión fílmica en los cines del mundo. Pero antes de visualizar en la pantalla, imaginemos con la palabra.

__________________________________________
[Páginas 9 a 62]

Un relato desolador.

El paisaje es el remanente del mundo luego de una hecatombe. Quizás un holocausto nuclear que arrasó con todo, incluso con los nombres de los protagonistas, un padre y su hijo. El narrador se refiere a ellos como el hombre y el niño.

La novela retoma uno de los tópicos clásicos de la literatura: el viaje. Dos sobrevivientes caminan empujando un carro de supermercado —cargado de objetos— a través de una carretera desconocida. Están en Estados Unidos, pero ya no hay estados. Alguna vez los hubo, le dice el hombre al niño. Pero ya no están. Todo se ha ido.

Tienen poca comida, algunas conservas recolectadas. Irrumpen en cualquier edificio o casa, buscando alimento. Algún incauto no saqueó completamente una máquina de bebidas. El hombre introduce su mano y toca algo metálico. Se la da a su hijo, quien dice que tiene burbujas. Su primera Coca Cola:

Toma un poco papá
Quiero que te la bebas tú.
[...]
Es porque nunca más volveré a beber otra, ¿verdad?

Quieren escapar del invierno. Un invierno crudo, «capaz de romper las rocas». Los bosques han sido devastados. El silencio es aterrador y ambos escuchan el latido de sus corazones. El hombre y el niño tienen miedo. La confusión del lector no es la misma que la de los protagonistas. Ellos saben de qué escapan. No sólo es el frío. Escapan de algo peor.

De pronto un recuerdo. El hombre evoca una conversación con su mujer. Ella no quiere vivir. Se enfrascan, dice la narración, en discusiones filosóficas sobre la autodestrucción. Algo terrible los acecha. Ella parió un hijo indeseado. No debería haber venido a este mundo, si es que puede llamársele así. El recuerdo del hombre relata que la mujer cree que los violarán, los matarán y se los comerán. Él le ruega que no se vaya, porque la partida es la muerte. Ella se va.

Un destartalado camión diésel aparece. Lo rodean esperpentos que alguna vez fueron humanos. Eso es lo que cree el hombre. El miedo es supremo y deciden escapar por un bosque o lo que queda de él. Pero uno de los sujetos se desvía. El hombre le apunta con su pistola y lo interroga. Se describe su apariencia:

«Los ojos engolletados de mugre y profundamente hundidos. Como un animal metido en una calavera mirando por los agujeros de los ojos [...] Era enjuto, nervudo, raquítico».

Trata de atacar al niño, pero el hombre lo asesina con precisión. Escapan del único ser viviente —ahora muerto— que han visto en un año.

El niño le pregunta al hombre si ellos siguen siendo los buenos. Sí, le contesta él.

17 Noviembre 2009

“A Sangre Fría”: a 50 años del crimen que hizo famoso a Capote*

PCV.- El 16 de noviembre de 1959, los habitantes de Kansas —y un reportero de apellido Capote— se estremecieron con la noticia del asesinato de la familia Clutter. Cinco décadas después, Puroperiodismo recoge el homenaje que el pueblo de Holcomb y la prensa hacen a las víctimas del crimen que dio pie a una obra magistral. +Ver más

{*Artículo publicado en Puroperiodismo}

12 Noviembre 2009

Meredith Segal: La joven que ayudó a Obama a llegar a la Casa Blanca*

PCV.- Lo que comenzó como uno más de los miles de grupos de Facebook devino en la mayor red de estudiantes en apoyo de Barack Obama. Meredith Segal, su fundadora, visitará la Escuela de Periodismo de la UAH la próxima semana y en Puroperiodismo adelanta los orígenes y alcances de su exitosa iniciativa. +Seguir leyendo

{*Artículo publicado en Puroperiodismo}

3 Noviembre 2009

A los cien años muere Claude Lévi-Strauss, 1908-2009

PCV.- Uno de los intelectuales más destacados del siglo XX falleció a los cien años. El antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, padre del enfoque estructuralista de las ciencias sociales, estaba próximo a cumplir un año más el 28 de noviembre. Las causas de su deceso aún no son comunicadas. Deja tu mensaje de despedida. {Noticia en desarrollo}

Seguir leyendo:

Obras:

  • Razas e historia
  • Tristes trópicos
  • El pensamiento salvaje
  • Lo crudo y lo cocido
  • De la miel a las cenizas
  • El origen de las maneras en la mesa
  • La ruta de las máscaras
  • La mirada alejada
  • Mirar, escuchar, leer

3 Noviembre 2009

Diario Marca le da duro a Pellegrini*

PCV.- La sorpresiva derrota del Real Madrid frente al Alcorcón desató la furia del principal diario deportivo de España. Revisamos los editoriales que Marca publicó en octubre, ese mes donde la revolución de Pellegrini, la esperada explosión de la supernova galáctica de Florentino Pérez, no llegó. El octubre rojo de Marca. Ver más+

{*Artículo publicado en Puroperiodismo}

1 Noviembre 2009

Cosmópolis in situ: Música antigua en la UC

PCV.- En el marco de la Temporada de Conciertos 2009 del Instituto de Música UC, el jueves 29 de octubre se presentaron obras de autores americanos y europeos del siglo XVII y XVIII, inspirados en las formas musicales propias del barroco italiano. El programa se estructuró en base a dos géneros: la cantata (voz sola o con acompañamiento de instrumentos) y la sonata (para uno o más instrumentos).

Como muestra de las piezas interpretadas les dejamos A cantar un villancico, sainete a duo de Roque Ceruti [1683-1760].

24 Octubre 2009

La cultura del “picoteo” de noticias*

PCV.- El 2008, Maggie Jackson, periodista de The Boston Globe, publicó Distracted: The Erosion of Attention and the Coming Dark Age, una obra que alerta sobre los altos niveles de desconcentración que han fragmentado nuestras relaciones. En esta entrevista con Puro Periodismo, Jackson da algunas luces para prevenir un porvenir oscuro. Ver más+

{*Artículo publicado en Puro Periodismo}

23 Octubre 2009

Andrés Bello y la inauguración de la Universidad de Chile

Andrés BelloINTRODUCCIÓN
Andrés Bello (1781-1865) nació en Venezuela, pero luego de residir largo tiempo en Chile recibió la nacionalidad por gracia. Intelectualmente se formó durante el periodo colonial, en una Caracas tranquila y ordenada, y también en Londres, donde residió integrando una misión diplomática junto a Simón Bolívar. En 1829 los liberales chilenos —Francisco Antonio Pinto entre ellos— trajeron a Bello de vuelta a su América querida. Según Iván Jaksic, estudioso de su obra, Bello intentó buscar en Chile la estabilidad de su juventud, ahora con su familia[1]. Pese a los numerosos ataques que recibió mientras vivió en nuestro país, Bello impulsó la historiografía, fortaleció la discusión jurídica, sentó las bases para el Código Civil que aún se mantiene vigente y, fundamentalmente, se desempeñó como rector de la Universidad de Chile. A partir de su discurso de inauguración[2], pronunciado hace casi 166 años, desarrollamos este segundo taller.

1. IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN DE LOS PUEBLOS SEGÚN ANDRÉS BELLO
Después de un exordio donde se deshace en elogios hacia los ministros y autoridades presentes, Andrés Bello argumenta sobre la importancia de la Universidad, en particular, y de la educación, en general, en el devenir de los pueblos.

«Todas las verdades —dice Bello— se tocan». Bajo esta proposición desarrolla su idea de la importancia de la educación: si viviéramos en una sociedad despótica o esclavizada (Asia y África son sus ejemplos), donde una sola voz enarbola los dogmas y axiomas de forma incuestionable, nuestra civilización no tendría ansias de progreso, búsqueda de mejoras sociales y anhelos de libertad: estaría, en otras palabras, entrampada en una oscuridad opresora. Y para discutir —no destruir— esas verdades, la educación es esencial.

Así como los griegos y los romanos cultivaron las letras, origen de la libertad civil, Bello ve un estrecho vínculo entre la religión católica —principal difusor educativo de la época—y las letras: la revelación y la naturaleza interpelan al hombre en términos similares, y éste no puede desatender al llamado recibido. Bello cree que la ciencia y las letras logran aumentar los placeres y goces del individuo, y es precisamente el ejercicio de estos saberes, el enriquecimiento constante de los mismos, un placer: «que […] sacude de nosotros aquella inercia a que de otro modo nos entregaríamos en daño nuestro y de la sociedad».

Bello parece decirnos que la educación, el placer por aprender, nos abre nuevas perspectivas, estremece nuestro interior: «El entendimiento cultivado —nótese la similitud con Kant— oye en el retiro de la meditación las mil voces del coro de la naturaleza: mil visiones peregrinas revuelan en torno a la lámpara solitaria que alumbra sus vigilias».

Sin embargo, no es sólo este goce por el saber lo que mueve el discurso de Andrés Bello; como al comenzar, cuando no pudo desvincular la religión de la moral —un binomio inseparable—, Bello acepta que la educación eleva el carácter moral del pueblo, esa masa que puede caer bajo las seducciones fáciles y corruptas. Es en esta línea donde el autor sitúa la importancia última del oficio de la educación, y es por ello que clarifica un rol que tendrá la Universidad de Chile: velar por el desarrollo de la instrucción primaria, los primeros pasos de la educación del futuro de Chile, aspecto al que volveremos en el punto dos de este taller.

Además, Bello cree en la dinámica de los círculos virtuosos en el plano educativo: «No bien brota en el pensamiento de un individuo una verdad nueva —argumenta—, cuando se apodera de ella toda la república de las letras». Se trata de un determinismo optimista, como el del filósofo Leibniz, de que podemos vivir en el mejor de los mundos gracias a las ideas del hombre. Es la mente humana, y no otra causa, la que promueve y aspira a la plenitud humana. Podrá haber fe y religión —Bello no para de mencionarlas—, pero su concepción ilustrada del progreso es insoslayable.

2. ROL DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE EN LA CONSTRUCCIÓN DEL PAÍS
El círculo virtuoso que Bello describe es parte del rol de la Universidad de Chile frente a la realidad del país: ésta institución, dice, deberá conformar un cuerpo académico expansivo y propagador. Es decir, que intervenga en el devenir de la nación. Y para lograr ello, el saber debe tener una repercusión práctica.

Retomando la idea de la instrucción primaria, sólo con una educación superior fuerte y vigorosa se garantiza el fortalecimiento de las primeras etapas del ciclo educativo formal: «La instrucción literaria y científica —plantea en el discurso— es la fuente de donde la instrucción primaria se nutre y vivifica».

Yendo a un plano más específico, la supervisión sobre la instrucción primaria debe garantizar el adoctrinamiento moral y religioso. Bello cree, en esta línea, que es un deber del funcionario universitario instruir moral y religiosamente al pueblo. Este punto es profundizado con mayor énfasis en el punto tres, cuando este intelectual desmenuce el rol de las ciencias eclesiásticas en la casa de estudios.

No obstante, el caso de las llamadas ciencias exactas es paradigmático de la contribución práctica que mencionamos al comenzar este apartado. Manteniendo la economía agrícola y minera heredada de su pasado colonial, Chile busca abrirse paso hacia los procesos industriales que el Viejo Mundo y los Estados Unidos ya han emprendido y que, por cierto, han abierto caminos de prosperidad —y de miseria[3]— insospechados en el desarrollo humano. Bello se pregunta: «¿Enumeraré ahora las utilidades positivas de las ciencias matemáticas y físicas, sus aplicaciones a una industria naciente, que apenas tiene en ejercicio unas pocas artes simples, groseras, sin procederes bien entendidos, sin máquinas, sin algunos aun de los más comunes utensilios?». Él sabe que la economía debe ser dotada de masa crítica que la impulse por nuevas sendas.

Un último aspecto que es preciso analizar en torno al rol de la Universidad de Chile es puesto por el mismo Bello a partir de la locución latina cui bono o «¿quién se beneficia?». Es precisamente a partir de las repercusiones prácticas de los frutos de la Universidad que la pregunta se instala: ¿será un organismo motivado por la búsqueda de beneficios mediatos? Él mismo da la respuesta: «La Universidad no confundirá, sin duda, las aplicaciones prácticas con las manipulaciones de un empirismo ciego».

Valiéndose de las palabras de Nicolas Arnott, Bello apuesta porque el conocimiento de las leyes generales de la naturaleza nos alejará de la tierra «extraña y hostil», y fortalecerá los conocimientos particulares. Podremos caminar, así, junto a «seres conocidos y amigos», alejados de la ignorancia. Serán estos conocimientos particulares los que determinarán el contenido curricular de la institución que él preside, aspecto que revisaremos a continuación.

3. «EL PROGRAMA DE LA UNIVERSIDAD ES ENTERAMENTE CHILENO»
Si la Universidad de Chile debe intervenir en el desarrollo del país y consolidar sus aplicaciones prácticas, su proyecto curricular debe, por tanto, ajustarse a esa realidad, y sus frutos —los dulces frutos aristotélicos— deben nutrir la realidad local.

Dice Bello:

«La Universidad examinará los resultados de la estadística chilena, contribuirá a formarla, y leerá en sus guarismos la expresión de nuestros intereses materiales. Porque en este, como en los otros ramos, el programa de la Universidad es enteramente chileno: si toma prestadas a la Europa las deducciones de la ciencia, es para aplicarlas a Chile. Todas las sendas en que se propone dirigir las investigaciones de sus miembros, el estudio de sus alumnos, convergen a un centro: la patria».

El autor parte de una premisa básica: la ciencia es un saber universal; de nada sirve —y dejaría de ser ciencia— si sus resultados no son replicables. Gracias a esta premisa, Bello ve en el desarrollo europeo, en el avance epistemológico de la ciencia —y en ese progreso constante que aseguraba la Ilustración—, los palafitos que sostienen una naciente investigación aplicada a los problemas de la «loca geografía» chilena, como diría Benjamín Subercaseaux[4]. En resumen, la cita se refiere a que si se toman prestadas deducciones de cada disciplina en cualquier parte del mundo, los docentes chilenos se encargan de desarrollarlas en la Universidad, ya que con ello se fortalece nuestra patria. Al respecto, señala:

«La opinión de aquellos que creen que debemos recibir los resultados sintéticos de la ilustración europea, dispensándonos del examen de sus títulos, dispensándonos del examen del proceder analítico, único medio de adquirir verdaderos conocimientos, no encontrará muchos sufragios en la Universidad».

Aunque se tomen elementos teóricos de otros países, siempre se debe conservar la esencia chilena, ya que hay una serie de factores que influyen: clima, costumbres, comidas, etc. Pero el objetivo siempre será el mismo, dependiendo de la disciplina. A fin de cuentas, lo que hace Bello es desconfiar del saber por el mero saber, del desarrollo de una universidad antes como infraestructura y tradición que como mecanismo de progreso útil. Ejemplos de esta confianza ilustrada —y proactiva diríamos hoy— son las definiciones de las disciplinas que Bello desmenuza en su discurso inaugural. Revisemos algunas de ellas.

Las ciencias eclesiásticas[5], dice, requieren de la formación de ministros del culto para proveer al pueblo de una adecuada educación moral y religiosa; es decir, sólidos conocimientos del dogma y la historia de la fe, el sostén espiritual de una comunidad que se congrega política y religiosamente. Su diagnóstico es claro: la herencia colonial española perdura a través de la religión y es, por tanto, garantía de cohesión social.

Las leyes, en tanto, son aquellas que tienen directa relación con la vida cívica de la república. Su utilidad, sus resultados, las mejoras que propicien, «es lo que principalmente espera de la Universidad el gobierno». Pero como esta nación recién nace, la legislación debe nacer al mismo tiempo con ella, ser gemelos en cierto modo, y, fundamentalmente, ser purgada de las lacras del despotismo que el pasado colonial dejó impregnadas. Para dar luces en esta línea, Bello propone volver al estudio de los romanos y su base jurídica, campo de estudio que aún permanece en la formación universitaria de los abogados.

La economía —y de esta disciplina nace la cita que destacamos— deberá leer en los «guarismos» de la sociedad la expresión de nuestras necesidades. Ejemplo de ello son los censos de población que aclaran la distribución espacial de nuestros habitantes.

Otro ejemplo es en la medicina: aunque se apliquen distintas fórmulas o reglas, su plan seguirá siendo el mismo; tomando en cuenta el tema de la higiene, tendrá el mismo objetivo (la conservación de la salud), pero se enseñará y se aplicará de diferente manera. La medicina deberá diagnosticar el entorno físico y medioambiental del hombre. Pero ligando sus frutos al desarrollo nacional, delineará los avances en materia sanitaria o, en el decir de la época, «de la higiene privada y pública».

Por último está el departamento literario que depura las costumbres y afina el lenguaje. La idea de comunicación diáfana, de ideas prístinas —propias de naciones civilizadas—, proviene de esta disciplina. Y el estudio de la lengua propia se multiplicará con nuevas voces que encaren las nuevas ideas.

CONCLUSIÓN
Andrés Bello fue un intelectual de peso en la conformación de nuestra república. Su discurso de inauguración de la Universidad de Chile da cuenta de su pensamiento en torno a la importancia de la educación: para él es un ejercicio que enmienda el rumbo de un pueblo y lo aleja de la barbarie. En esta línea, la universidad debe ponerse al servicio del país, partiendo por la supervisión de la instrucción primaria, pasando por el soporte espiritual y moral, y culminando en los resultados prácticos de las disciplinas que ahí se cultivan y que deberían repercutir positivamente en el progreso nacional. Bello cree en la libertad de esta tierra, pero él sólo ve libertinaje, «embriaguez licenciosa, en las orgías de la imaginación». En su discurso, por tanto, delineó un ordenado y eficiente modelo educacional, lo que tenía en mente. Si cumplió sus expectativas es materia de otro análisis, pero ahí reside, creemos, la importancia de esta casa de estudios —amparada en la herencia de Bello— en el desarrollo educacional chileno.


[1] Jaksic, Iván; “Andrés Bello y la prensa chilena, 1829-1844”, en: Alonso, Paula (comp.) Construcciones impresas (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2004), p.109
[2]
Bello, Andrés; Discurso pronunciado en la instalación de la Universidad de Chile el día 17 de septiembre de 1843. Las citas presentadas a continuación y que van entre comillas corresponden a las palabras de Bello en esa intervención.
[3]
Recién a fines del siglo XIX se impondrá en nuestro país la “Cuestión social”, en parte gracias a la contribución de las reflexiones eclesiásticas en torno al tema. Por ejemplo, la publicación de la encíclica Rerum Novarum, promulgada en 1891, que versó sobre las clases trabajadoras.
[4]
Subercaseaux, Benjamín; Chile o Una loca geografía (Santiago: Editorial Universitaria, 2001)
[5]
Recordemos que durante el siglo XIX la Iglesia y Estado eran un organismo simbiótico y mutuamente influenciado. Esta relación sólo se quebrará en 1925, con el advenimiento de una nueva Constitución política.

19 Octubre 2009

¡Mueren los géneros!: ¿viva la crónica?*

PCV.- Es un modelo escurridizo y promiscuo. Ya sea una reflexión o un relato anecdótico, la crónica se funde con la narrativa de ficción y produce lo mejor del periodismo, libre de ínfulas académicas o arrogancias eruditas. Seis voces del periodismo criollo entregan su definición. Ver más+

{*Artículo publicado en Puro Periodismo}

18 Octubre 2009

Google Books: en busca de la biblioteca universal

PCV.- Hace casi un año -noviembre de 2008- que Google Books llegó a un acuerdo con el Authors Guild y la Asociación Americana de Editores para continuar la digitalización de libros que la gran G ya estaba desarrollando. Para saber en qué consiste este acuerdo -que aún requiere de la aprobación de una corte federal estadounidense-, exponemos algunos puntos:

  • La vista previa gratuita abarcará un 20% del contenido total de los libros protegidos por derecho de autor que no son de circulación actual.
  • Sólo desde Estados Unidos, por el momento, se podrá comprar un acceso a la versión digital completa, a través de internet.
  • Las instituciones de índole educacional podrán suscribir acuerdos de consulta para sus miembros.
  • Los libros más nuevos sólo serán mencionados, y no se incluirá la vista de ningún fragmento.
  • Los libros cuyos derechos de autor ya hayan caducado podrán ser leídos, descargados y consultados gratuitamente.

Para que el resto de los países puedan gozar de los mismo beneficios, Google Books deberá entablar acuerdos con cada nación. Actualmente, el motor de búsqueda alberga 7 millones de textos completamente digitalizados, gracias a los acuerdos logrados con importantes bibliotecas. ¿El primer gran paso para la biblioteca total?

14 Octubre 2009

Racism in the XXI century

PCV.- The recent discussions about the health care reform promoted by the Obama administration, and the embarrassing episodes in the Congress -like the statement made by senator Joe Wilson, saying that the president was a liar-, have put again the question in the public opinion: if someone opposes the president, ¿is that person racist?

Newspaper around the country show how discrimination and racism -in different levels- still endure among the american people. Two examples: a sheriff candidate suffers the slurs of the Ku Klux Klan and poverty in Indiana hits African Americans and Latinos harder than white people.

The following presentation includes some background on the topic of racism in the XXI century, as well as some news articles related to discrimination and poverty issues.

11 Octubre 2009

Aprueban Ley de Medios en Argentina*

PCV.- Los medios de comunicación y la oposición denunciaron el control que el gobierno de la presidenta Cristina Fernández lograría con la nueva legislación de Servicios de Comunicación Audiovisual. La autoridad, en tanto, celebra la aprobación de una ley «antimonopolio». En Puro Periodismo ponemos los argumentos en la balanza. Ver más+

{*Segundo artículo en Puro Periodismo}

6 Octubre 2009

El plebiscito pasa, las portadas quedan*

Fortín Mapocho - 11 de octubre de 1988PCV.- El miércoles 5 de octubre de 1988 los chilenos votaron para dirimir una continuidad o un cambio: el Sí a ocho años más de Augusto Pinochet en el poder, o el No que saludaba a la democracia. A 21 años del plebiscito que marcó el retorno a la democracia, revisamos las portadas de la prensa capitalina que informaron —o celebraron— el triunfo del No en las urnas. Ver más+

{*} Primer artículo publicado en Puro Periodismo, revista de medios de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado.

3 Octubre 2009

«Las Grandes Alamedas»: una mirada a la mirada de Patricio Navia (II)

Patricio NaviaPCV.— En el libro Las grandes alamedas, Patricio Navia sugiere que el crecimiento económico y el combate a la pobreza y desigualdad —la triple alianza del desarrollo, como él la denomina— es el detonante de la principal disputa ideológica en la sociedad chilena post Pinochet, donde destacan las reformas económicas de la dictadura, la buena utilización de éstas por la Concertación para combatir la pobreza, pero con un flagrante fracaso en la reducción de desigualdades, donde el Estado —a su juicio— debe intervenir.

Con un análisis retrospectivo que concede éxito a la dictadura y a las políticas neoliberales que le permitieron al país gozar de la mayores tasas de crecimiento del siglo XX, el autor también consigna que la excesiva pobreza derivada de estas reformas dejó de manifiesto que el período de Pinochet no tomó el peso de lo que significa una mala distribución de la riqueza y menos aún de la importancia de la democracia.

La ausencia de políticas públicas destinadas a reducir los niveles de desigualdad era notoria y sintomática de una falta de desconocimiento o, si se quiere, de la actitud de una elite que prefirió desentenderse del problema. En 1990, con el inicio de la transición democrática, un 10% de la población, el sector más rico del país, recibía casi la mitad de los ingresos totales.

Así como Navia está convencido de que la relación pobreza-desigualdad-crecimiento debe recibir respuestas focalizadas por parte de los gobiernos, la principal diferencia en esta triple alianza guarda relación con el rol del Estado. Mientras tanto el sector público como el privado tienen un papel importante en la generación de riqueza, es el Estado —a juicio del autor— el que tiene un papel indispensable en el diseño de políticas públicas en contra de la pobreza y desigualdad.

Navia analiza el marco en que el crecimiento económico se ha desarrollado en las últimas décadas. Mientras que durante gran parte del siglo XX el Estado fue un obstáculo para los privados en la generación de riqueza —buscando su consolidación hegemónica en esta materia—, durante la dictadura esto se revirtió y, gracias a las reformas neoliberales, «el Estado chileno aprendió a crear las condiciones institucionales y estructurales para que hubiera un ambiente donde se pudiera generar riqueza»[1]. Sin embargo, fue sólo a partir del primer gobierno de la Concertación que se redujeron los niveles de pobreza junto a altas tasas de crecimiento. La dictadura sólo sembró; la transición, cosechó.

De esta forma, la disminución de pobreza e indigencia gozó del impulso de la actividad económica en los primeros años de la década de los noventa. Pero a partir de la recesión económica de fines de siglo, de la «pérdida de la receta» para alcanzar elevadas tasas de crecimiento saludable, la duda que se ha instalado es si Chile podrá retomar la vía correcta para la generación de riqueza. Una vez que se estancó la actividad económica también lo hizo la disminución de la pobreza que la Concertación había logrado. Del 38,6% de pobres en 1990 se disminuyó a un 21,7% en 1998, pero después la reducción se ralentizó: 20,6% de pobres en el 2000.

Para Navia, recuperar la receta del crecimiento económico no sólo debiera ser argumento de la derecha, puesto que renunciar a políticas macroeconómicas conducentes al crecimiento —como en el caso de ciertos sectores de la izquierda— implica renunciar a la defensa de políticas que reduzcan la pobreza. Así, la diferencia entre la derecha y la izquierda debería acentuarse en las políticas de distribución que cada sector privilegia en tiempos de altas tasas de crecimiento y no desestimar a priori esta condición necesaria para luchar contra la pobreza.

Volviendo al explosivo desarrollo experimentado por la economía durante los noventa, Navia plantea que esta expansión «nos llevó a percibir las mismas diferencias de siempre [en materia de ingresos] como más acentuadas»[2] ya que, durante ese tiempo, no presenciamos grandes variaciones en la distribución de la riqueza. Para él, la desigualdad puede ser la misma en términos proporcionales, no así en términos absolutos que parece incrementarse cuando el país es más rico.

Es en este punto donde Navia no sabe qué postura tomar; para él, un crecimiento alto —un hipotético 9,4% distribuido desigualmente entre ricos, clase media y pobres— o un crecimiento moderado —5% repartido equitativamente— reflejan prioridades distintas. La tasa alta genera mayores desigualdades mientras la tasa baja, al menos, mantiene las desigualdades estables pero genera menor crecimiento. En este sentido, Navia plantea que la discusión sobre ambas opciones no se ha producido y es un tema pendiente —pese a la preeminencia del crecimiento en la campaña presidencial de la derecha en 1999—, generando discrepancias entre Concertación y Alianza, incluso al interior de ambas coaliciones.

Lo que sí se aventura a proponer es la intervención estatal —sea con una tasa alta o baja— para distribuir de mejor manera los ingresos en aras de reducir las desigualdades. Pero, al mismo tiempo, aparecen las interrogantes sobre los límites permitidos y las atribuciones del Estado en esta materia.

La desigualdad, según lo constatado por Navia, ha sido un problema histórico en Chile. Durante la dictadura la distancia entre los más pobres y la clase media disminuyó pero la distancia entre ésta y el 20% más rico aumentó, acentuando el problema. A partir de la transición, no obstante, la distribución del ingreso no varió sustancialmente: se mantuvo estable. Todos los sectores mejoraron sus ingresos en un contexto de tasas elevadas, pero, para Navia, la Concertación poco logró en aminorar los niveles de desigualdad históricos si se compara con sus aciertos en la lucha contra la pobreza.

Y a partir de lo anterior es que Navia aborda la percepción negativa que tiene la opinión pública sobre la desigualdad y el desconocimiento, en materia de encuestas serias, sobre la relación que establece la gente entre crecimiento y menor desigualdad. El autor plantea la siguiente disyuntiva: ¿es mejor un país donde aumenta la pobreza pero disminuye la desigualdad, o viceversa? La disminución de ambos factores sería el ideal ya que cualquier otra situación —menos pobres, mayor desigualdad— sería menos que óptima.

En resumen, Chile tuvo la receta del crecimiento, luchó exitosamente durante algunos años contra la pobreza, pero fracasó al enfrentar el problema de la desigualdad; «Chile después de Pinochet es un país más rico, con menos pobres, pero continúa siendo desigual»[3]. El Estado, por tanto, aparece como el ente regulador en este ámbito.

Los planteamientos de Navia, no obstante, avizoran problemas a largo plazo que no deben ser desestimados, por marginales que sean. Cuando el autor señala que «las sociedades más desiguales a menudo son también aquéllas donde predomina la violencia, existe poco capital social y hay bajos niveles de confianza interpersonal»[4], está constatando una situación que también puede darse en un contexto de bonanza económica. No es apresurado suponer que, en sociedades estables y promisorias, las demandas de los grupos más excluidos pueden sufrir un aumento, operando en la lógica de «si las desigualdades se mantienen pero el país crece, algo está funcionando mal».

Las desigualdades en el ingreso fueron tema de campaña en las últimas elecciones presidenciales y aún así pareciera que la situación no vislumbra variaciones sustanciales. Con una cierta recuperación en el crecimiento económico pronosticado para el 2010, el año del Bicentenario, las posibilidades para implementar políticas redistributivas son inmejorables.

Además, y de acuerdo a lo afirmado por Navia, la desigualdad puede ser disminuida independiente del crecimiento de un país. No podemos depender de la lógica derechista del «chorreo» ni de la estrategia de la izquierda de «combate a la pobreza igual reducción de desigualdades». Si el tema predominó en la campaña presidencial Lagos-Lavín, si fue la principal bandera de lucha —y propagandística— de todos los sectores políticos, es necesario que el Estado enarbole esta bandera, usando los términos de Navia, y aplique políticas impositivas con eficacia real —planes de empleo, incentivos, subsidios— y no reformas cosméticas —ampliaciones del metraje de la vivienda social básica, remozamiento de barrios marginados, etc.—. Con eso no se soluciona el problema de la pobreza y la desigualdad, sólo se maquilla.

Si durante la dictadura el tema de la triple alianza sólo se centró en el crecimiento, en el Chile post Pinochet del siglo XXI están las condiciones necesarias —estabilidad social y democrática, ahorro por superávit, crecimiento «saludable»— para que las discusiones en torno a ésta puedan ser encauzadas en una alameda viable por medio de políticas efectivas y reales. El tema ha sido instalado en el espacio público, «pero verificar la existencia de un hecho no significa hacer algo para corregir esa falencia»[5]. Sólo queda esperar que la constatación social y política se transforme en reformas estructurales, verificables en los números y palpables en la cotidianidad.


[1] Navia, Patricio; Las Grandes Alamedas: El Chile post Pinochet (Santiago: La Tercera-Mondadori, 2004), p. 154
[2]
Navia, Patricio; op. cit., p. 161
[3]
Navia, Patricio; op. cit., p. 173
[4]
Navia, Patricio; op. cit., p. 151
[5]
Navia, Patricio; op. cit., p. 171

18 Septiembre 2009

¿Qué celebramos en estas Fiestas Patrias?

PCV.- Raro es que para las Fiestas Patrias no celebremos la declaración de independencia, que ocurrió el 12 de febrero de 1818. Esta última fecha sí se conmemoraba, mucho tiempo atrás, en la primera mitad del siglo XIX, cuando la República nacía al son de las balas, los ensayos constitucionales y el autoritarismo portaliano. En su libro ¡Chile tiene fiesta! (Lom, 2007), la historiadora Paulina Peralta identifica tres fechas en disputa: la primera junta de gobierno (18 de septiembre de 1810), el 12 de febrero de 1817 y 1818 (Batalla de Chacabuco; declaración de independencia) y el 5 de abril de 1818 (Batalla de Maipú).

Primera Junta de Gobierno

¿Por qué en 1837 optamos por  la primera? Quizás por razones políticas: olvidar los triunfos de O’Higgins. También económicas: ¡no hay erario público, en esa época, que financie tres fiestas patrias! Pero la pregunta sigue ahí: ¿por qué la primera junta de gobierno, una reunión de vecinos ilustres que dieron apoyo al monarca español secuestrado por Napoleón? ¿Celebramos una iniciativa republicana, independentista, autonómica? ¿O es porque el hito antecede en siete, ocho años a los verdaderos eventos del origen de nuestro país y le da legitimidad, antigüedad y abolengo?

¿Qué celebramos estas Fiestas Patrias?

¿Celebramos a Mateo de Toro y Zambrano y cía, juntos en defensa de la corona de Fernando VII? ¿A Carrera, Rodríguez, O’Higgins? ¿El triunfo en las batallas entre chilenos-argentinos y españoles? ¿La Aurora de Chile, el primer panfleto de producción nacional? ¿La Biblioteca Nacional, el Instituto Nacional, el Congreso Nacional, todos germinando en estas fechas?

¿Celebramos el corto periodo de ensayos constitucionales (o de anarquía como dicen otros)? ¿A Manuel Blanco Encalada, el primer presidente chileno, pero que era argentino, del Río de la Plata? ¿A pelucones y pipiolos? ¿A Portales con su estanco, con su epistolario aterrador y fascinante, a su «peso de la noche» que tanta tranquilidad y orden le trajo a la nación? ¿A la Constitución de 1833, la más longeva de nuestra historia, que funcionó como presidencialista y parlamentarista?

¿Celebramos a la Universidad de Chile (1842), cuna del desarrollo educacional chileno? ¿A Andrés Bello, su primer rector, un intelectual de peso, pero que era venezolano y ex funcionario colonial, y que decía que la única patria «es la ley»? ¿A la educación de hombres y «señoritas»? ¿A la férula que azotaba y disciplinaba?

¿Celebramos los triunfos militares, las «glorias del ejército»? ¿El triunfo contra peruanos y bolivianos por  partida doble, en 1839 y en la década de 1880? ¿La toma del Morro? ¿El hundimiento de la Esmeralda? ¿Al ejército siempre triunfador? ¿A los héroes de la Concepción? ¿A los caídos en Antuco?

Parada Militar

¿Celebramos la tradición? ¿El Te deum ecuménico? ¿El traspaso de la banda? ¿La piocha de O’Higgins? ¿El 21 de mayo? ¿La Parada Militar? ¿La arquitectura, lo urbano? ¿La apertura de La Moneda? ¿La construcción de estadios, carreteras y ‘Costaneras Centers’? ¿Las inconexas ciclovías? ¿Las descuidadas y silenciosas bibliotecas, los cafés literarios?

¿Celebramos el nacimiento y desarrollo de las letras criollas? ¿Fue Alonso de Ercilla, con su Araucana, el primero? ¿O es mejor leer a Blest Gana y su Martín Rivas? ¿A los novelistas? ¿Qué pasa con los poetas? ¿Huidobro, Neruda, De Rockha, Parra, Lihn? ¿Y la Mistral, que hoy aparece sonriente en un nuevo billete de cinco mil pesos, pero que recibió el Nobel de Literatura antes que el Premio Nacional, y que vivió alejada de su terruño, legando todo a su amiga estadounidense? ¿A Bolaño, que hoy es libro de cabecera de la elite cuando antes era un desconocido que vivió en México y murió en Blanes, un pequeño pueblo al sur de Barcelona?

¿Celebramos al hacendado o al peón? ¿Al siútico de Óscar Contardo o al roto de Joaquín Edwards Bello? ¿Al bajo pueblo -como le llama Gabriel Salazar- o a la casta política y dirigente de los designios del país? ¿Al empresario, al capitalista? ¿A los nuevos ricos y a los eternos pobres? ¿A los pokemones, emos, visuals, punkies o raperos? ¿Al mamón y al nerd, al bacán y estiloso? ¿Al curadito del Parque O’Higgins, el mismo que sale todos los años en la noticias, con la caña de una buena celebración, con el sudor etílico por la patria?

¿Celebramos la prensa nacional? ¿El Mercurio, La Nación, El Diario Ilustrado, La Tercera de la Hora? ¿A los que han sobrevivido, a los que han desaparecido? ¿La prensa ideológica, de trinchera, el periodismo libre y dialogante, fiscalizador del poder? ¿O a la prensa de farándula, enredada en chismes, comentando la portada de Las Últimas Noticias? ¿A nuestros noticiarios de televisión, al culto por el instante, al ver para creer de Santo Tomás? ¿A la radio que acompaña, a la música que transmite, a la palabra que comunica?

¿Celebramos el deporte que nos une, por 90 minutos o en cinco sets? ¿Al Chino Ríos, que hablaba poco, que fue número uno y que «no estaba ni ahí»? ¿A González, de buena cuna, de resultados constantes? ¿A Massú, Capdeville, Silberstein, Podlipnik, todos con apellidos tan poco chilenos? ¿A Zamorano Zamora, Iván Luis, que hablaba con acento español; a Salas Melinao, el descendiente de griegos, al de pasado helenístico? ¿A la Roja de todos que cuando gana nos alegra y cuando pierde nos deprime? ¿A la marraqueta más gorda y sabrosa del triunfo colocolino? ¿A nuestros hitos futbolísticos? ¿El tercer lugar el 62, la Libertadores del 91? ¿A Bielsa, a quien preferiríamos decirle «pibe, sos un monstruo» por lo muy argentino y dedicado que es?

¿Lo que nos une?

¿Celebramos la cueca, la cumbia o el reggaetón? ¿Un esquinazo bien chileno o un perreo bien espontáneo? ¿La Nueva Ola, el Rock del Mundial, a Lucho Dimas y Cecilia? ¿El Festival de Viña, que partió como kermesse comunal y creció y creció para convertirse en el engendro que es hoy? ¿A Los Prisioneros, con sus peleas, hits y polémicas? ¿A la canción de protesta o a la balada romántica? ¿A la música comprometida, poética, aburrida y lenta, o a la producción comercial, rítmica, capitalista y alienante? ¿Al rock andino de Los Jaivas, elogiado, nunca superado, o expresiones detestables como Lulu Jam?

¿Celebramos la Teletón, a Don Francisco? ¿Al cómputo final o a los codazos de las figuras? ¿A la causa noble o al show mediático? ¿A la generosidad de las empresas o al oportunismo de las mismas? ¿A la solidaridad comprometida del Padre Hurtado o a la caridad de la limosna? ¿A una iglesia conservadora en lo sexual y progresista en lo social?

Suma y sigue… todo y nada al mismo tiempo. ¿Qué celebramos, Dios? ¿Qué diantres celebramos?